Supongo que este hilo es más para personas que superen el medio siglo, que hayan tenido una vida de persona adulta (viajado, conducido…) antes de la llegada de los celulares.
No teníamos ese “miniordenador de bolsillo para todo”, ni siquiera el antiguo móvil básico. Mirábamos la hora en el reloj, y ahí llevábamos las alarmas, teníamos una agenda manuscrita (hasta que llegaron las electrónicas de bolsillo), usábamos mapas para carreteras y para visitar ciudades, preguntábamos a la gente porque éramos más de relacionarnos, te informabas por prensa escrita, cocinábamos platos aprendidos por el “boca a boca”, te tomabas las pulsaciones con el segundero de tu reloj, solo éramos famosos en nuestro entorno de familia y amistades (no nos hacía falta más)….
Cuando llegó el primer ordenador a mi vida (IBM con Windows 3.1.1 para grupos) y el primer celular (un Motorola con una batería enorme y antena extraíble), yo ya tenía más de 30 años, llevaba ya 12 años trabajando, conducía, me había pateado varias ciudades españolas… y de momento internet era como un fenómeno extraño lleno de muy pocas cosas y con mucho peligro (aquello del modem de marcación y los teléfonos de pago salvaje a los que se conectaba solo cuando entraba en algunas webs), nada que ver con algo que resolviera nada en tu día a día. Creo que el primer “apoyo tecnológico” que tuve en mi vida fue el reloj Casio, sus alarmas, su cronómetro…
Y ahora sin el móvil no somos personas, ya no hace falta ni que seamos frikis de las redes sociales. Recetas, rutas a pie o en coche, alarmas, calendario, agenda, teléfono, información general, control físico….
Y yo me planteo, si alguien quisiera negarse a este nivel de “adicción tecnológica”, ¿Podría vivir?. ¿Cuántas cosas, por desuso, hemos perdido en todo este tiempo que ya no serían recuperables?. De entrada, yo utilizaba cabinas telefónicas para llamar.
No es que me esté planteando “echarme al monte”, pero os lo planteo como mero ejercicio mental, por ver de dónde venimos, a donde hemos llegado, cuánto hay de responsabilidad en ese “viaje” y cuando de “seguir la corriente”.
Es fácil y rápido acudir a la justificación de la comodidad. A fin de cuentas, mete tu en una bolsa un reloj de pulsera, un periódico, un mapa de carreteras y ciudades, una brújula si eres de campear, una agenda, un teléfono de los primeros móviles (no podemos meter en la bolsa una cabina de teléfonos)… y mete en otra bolsa tu móvil, ¿Qué bolsa eliges?. Pero es que, bajo mi impresión, tenemos la mala costumbre de pensar que todo eso que obtenemos sin pagar, o más bien si que parezca que pagamos, es gratis, y claro, “ a caballo regalado….”. Pero, por detrás, nos están controlado, inundando la vida de cosas innecesarias, creando ansiedades y frustraciones, provocando hábitos que no teníamos, generando falsas necesidades, aislando… estamos “pagando” un precio que, posiblemente, si algún economista pudiera traducirnos a dinero, nos negaríamos a pagar. Yo lo veo como una suerte de “prostitución”, nos estamos vendiendo a cambio de una serie de supuestos placeres que no hacen más que generarnos mas y mas adicción, algo similar a alguien que se prostituye para poderse comprar droga, una imagen que ninguno estamos dispuestos a que se nos asocie con ella.
¿Cuántos de nosotros éramos de charlar/debatir, con unas cervezas, sobre lo divino y lo humano en un bar con los amigos o conocidos? ¿Y por qué ahora parecemos necesitar que nuestra opinión la conozca todo el mundo? ¿O ya éramos así y ahora nos han dado el “medio”?
No doy para más, ni he estudiado “letras”, ni tengo una carrera universitaria. Espero haber planteado el tema de una forma coherente.
Si has llegado hasta aquí, gracias por tu atención, paciencia, y tiempo.
Saludos
No teníamos ese “miniordenador de bolsillo para todo”, ni siquiera el antiguo móvil básico. Mirábamos la hora en el reloj, y ahí llevábamos las alarmas, teníamos una agenda manuscrita (hasta que llegaron las electrónicas de bolsillo), usábamos mapas para carreteras y para visitar ciudades, preguntábamos a la gente porque éramos más de relacionarnos, te informabas por prensa escrita, cocinábamos platos aprendidos por el “boca a boca”, te tomabas las pulsaciones con el segundero de tu reloj, solo éramos famosos en nuestro entorno de familia y amistades (no nos hacía falta más)….
Cuando llegó el primer ordenador a mi vida (IBM con Windows 3.1.1 para grupos) y el primer celular (un Motorola con una batería enorme y antena extraíble), yo ya tenía más de 30 años, llevaba ya 12 años trabajando, conducía, me había pateado varias ciudades españolas… y de momento internet era como un fenómeno extraño lleno de muy pocas cosas y con mucho peligro (aquello del modem de marcación y los teléfonos de pago salvaje a los que se conectaba solo cuando entraba en algunas webs), nada que ver con algo que resolviera nada en tu día a día. Creo que el primer “apoyo tecnológico” que tuve en mi vida fue el reloj Casio, sus alarmas, su cronómetro…
Y ahora sin el móvil no somos personas, ya no hace falta ni que seamos frikis de las redes sociales. Recetas, rutas a pie o en coche, alarmas, calendario, agenda, teléfono, información general, control físico….
Y yo me planteo, si alguien quisiera negarse a este nivel de “adicción tecnológica”, ¿Podría vivir?. ¿Cuántas cosas, por desuso, hemos perdido en todo este tiempo que ya no serían recuperables?. De entrada, yo utilizaba cabinas telefónicas para llamar.
No es que me esté planteando “echarme al monte”, pero os lo planteo como mero ejercicio mental, por ver de dónde venimos, a donde hemos llegado, cuánto hay de responsabilidad en ese “viaje” y cuando de “seguir la corriente”.
Es fácil y rápido acudir a la justificación de la comodidad. A fin de cuentas, mete tu en una bolsa un reloj de pulsera, un periódico, un mapa de carreteras y ciudades, una brújula si eres de campear, una agenda, un teléfono de los primeros móviles (no podemos meter en la bolsa una cabina de teléfonos)… y mete en otra bolsa tu móvil, ¿Qué bolsa eliges?. Pero es que, bajo mi impresión, tenemos la mala costumbre de pensar que todo eso que obtenemos sin pagar, o más bien si que parezca que pagamos, es gratis, y claro, “ a caballo regalado….”. Pero, por detrás, nos están controlado, inundando la vida de cosas innecesarias, creando ansiedades y frustraciones, provocando hábitos que no teníamos, generando falsas necesidades, aislando… estamos “pagando” un precio que, posiblemente, si algún economista pudiera traducirnos a dinero, nos negaríamos a pagar. Yo lo veo como una suerte de “prostitución”, nos estamos vendiendo a cambio de una serie de supuestos placeres que no hacen más que generarnos mas y mas adicción, algo similar a alguien que se prostituye para poderse comprar droga, una imagen que ninguno estamos dispuestos a que se nos asocie con ella.
¿Cuántos de nosotros éramos de charlar/debatir, con unas cervezas, sobre lo divino y lo humano en un bar con los amigos o conocidos? ¿Y por qué ahora parecemos necesitar que nuestra opinión la conozca todo el mundo? ¿O ya éramos así y ahora nos han dado el “medio”?
No doy para más, ni he estudiado “letras”, ni tengo una carrera universitaria. Espero haber planteado el tema de una forma coherente.
Si has llegado hasta aquí, gracias por tu atención, paciencia, y tiempo.
Saludos