Es que las cosas no cuestan eso, son mucho más baratas: los intermediarios están ganando un dinero obsceno porque pueden ganarlo, la electricidad tiene demanda inelástica, es como tomar un rehén. Si Repsol puede vender el kWh a 10 céntimos es que cuesta eso producirlo, no 60 céntimos.El problema es que los precios son el resultado de lo que cuestan las cosas. Si los fijas por ley al número que más te guste, pero no cuadra con lo que cuestan las cosas en realidad, alguien tiene que pagar la diferencia. Y ese alguien acostumbra a ser el gobierno, lo cual implica a su vez que lo paga la ciudadanía, con lo que estamos en el mismo punto que antes de empezar.
Los malos gobiernos prohíben y decretan cómo tienen que ser las cosas. Los buenos gobiernos ponen unas reglas del juego que hacen que las cosas acaben siendo como interese que sean.
Si limitas precio, lo que pasa es que los que están perdiendo dinero empiezan a presionar a sus proveedores para que se ajusten el cinturón y los márgenes se reajustan, como pasó con las mascarillas y los tests. ¿Costaban 20€ los tests o cada unidad de mascarilla? No, los cobraban porque podían y se seguían vendiendo por necesidad.