Energía Solar Fotovoltaica y empleo

Por suerte, las visiones basadas en premisas de lo más peregrinas que cargaban contra las renovables en nuestro país parecen cada vez más aisladas. Y aun así, cuando hablas con algún amigo, un compañero de trabajo o vecino, hay posicionamientos bastante escépticos.

Sin embargo, seríamos incluso mezquinos si obviásemos cierta lógica que subyace en la preocupación de algunas personas. A fin de cuentas es obvio que el futuro será renovable o no será, pero es también del todo razonable que haya quien se pregunte, por ejemplo, qué va a suceder con el empleo si cerramos las centrales de carbón.

 

Los cambios de paradigma no resultan sencillos

Cuando en este país se estipuló que la matriculación de coches diésel, gasolina e incluso híbridos quedaría prohibida en el año 2040, hubo muchos que se echaron las manos a la cabeza.

Recuerdo a un representante sindical del sector automovilístico que decía, de forma explícita, que eso redundaría en una gran pérdida de puestos de trabajo.

Claro, señor” –pensé-, “porque seguir apostando por la producción de coches de motor de explosión, que apenas podamos vender en toda Europa, sin duda va a suponer un estímulo económico sin precedentes en el futuro”.

Es obvio que a menudo coexisten tensiones que parecen casi irreconciliables, muchas de ellas tienen que ver con la necesidad de pivotar hacia otro modelo, frente a las reclamaciones concretas y legítimas que hoy por hoy presentan los trabajadores de un determinado sector.

Esta persona aducía a que siendo los coches eléctricos más sencillos de fabricar (un motor eléctrico es mucho más simple) y para colmo más fáciles de mantener, el impacto para un país donde la fabricación de vehículos tiene un gran peso en la economía y en el sector empleo, iba a ser la hecatombe.

Sin embargo el trabajo es una actividad dinámica. Desde el ámbito de cultural se puede y de hecho se debe luchar por preservar ciertos bagajes asociados a la actividad laboral. Desde los poderes que gestionan el Estado, se debe velar para que estos cambios sean lo menos abruptos posibles y sobre todo para que no recaigan sobre los bolsillos de los de siempre. Pero lo que no es viable a todas luces, es pretender fundamentar la economía española en el trenzado del esparto, como aquel que dice.

 

La energía solar fotovoltaica, empleo y de calidad

Mientras la revalorización de los salarios cae y el desempleo sigue siendo un azote para nuestro país. Mientras el sector fotovoltaico se hallaba desamparado a nivel legislativo y con el “impuesto al sol” aún vigente, la potencia instalada fue un 145% mayor en 2017 respecto a la instalada el año anterior.

Una de las novedades que nos hemos encontrado en los últimos años tiene que ver con la precariedad de quienes trabajan, no solo de quienes carecen de empleo. Con trece millones de personas viviendo en riesgo de pobreza y exclusión social, trabajar ya no implica que salgas de este colectivo.

Por otra parte, los salarios bajos no solo devienen en el padecimiento de los trabajadores, también tienen mucho que ver con el déficit público y el agujero que deberemos afrontar en cuanto a las pensiones.

Invertir en I+D es una buena medida para, al menos a largo plazo, tratar de cambiar ligeramente el modelo productivo y paliar esta coyuntura creando empleo de calidad. La industria fotovoltaica, respecto a su facturación, dobla a la media española en inversión en I+D.

Si nos atenemos al Informe Anual 2018 de la UNEF, el empleo en el sector de la energía solar fotovoltaica posee más calidad y es más estable frente a la media de la nación. Con gran relevancia de titulados y FP, y mejores índices en términos de temporalidad y parcialidad.

 

La democratización de la producción eléctrica

Hay otro factor a tener en cuenta y que a mi juicio resulta muy destacable. De los 135 megas instalados en 2017, casi todo fue destinado a autoconsumo (tanto conectado como aislado).

Por lo tanto, las instalaciones domésticas están cobrando un enorme peso en el sector, más allá del modelo de los grandes huertos solares. Esto contribuye a la descentralización de la producción y la democratización de la producción eléctrica.  

Durante los años de “sequía” y penurias que ha atravesado el sector fotovoltaico, incluido con la ruina de muchos inversores, han sido las instalaciones domésticas la internacionalización los principales ejes que han sostenido al sector.

 

El cierre de las centrales de carbón

A nivel mundial, las inversiones en fuentes de generación energética contaminantes están cayendo. También en nuestro país.

Endesa anunció hace poco algo que se llevaba comentado desde hace más de un año, su intención de cerrar las centrales térmicas de Andorra (Teruel) y Cubillos del Sil (León).

La justificación de Endesa es ahora con Teresa Ribera la misma que ya esgrimió con el Ministro Nadal:

Siempre hemos dicho que no era viable adecuar las plantas a las exigencias de Bruselas. Requerían inversiones que impedían su rentabilidad”

La paradoja de invertir en modos de generación que quedarán obsoletos para proteger puestos de trabajo, es que perderíamos muchos más en el futuro. Lo mismo que ocurrirá si pretendemos seguir fabricando motores de combustión en nuestro país sin subirnos a la ola del vehículo eléctrico.

Carreteras solares… ¿futuro o fiasco?

El futuro de la energía solar pasa por la reducción de costes y por una mayor integración arquitectónica que permita que esta tecnología esté mucho más presente en nuestras vidas. Eso propiciará la descentralización, permitiendo minimizar las pérdidas al acercar los puntos de producción a los de consumo, y facilitará la democratización del sector. ¿Suena bien? Desde luego. Pero no es oro todo lo que reluce… algunos experimentos que estamos llevando a cabo dejan cuanto menos dudas más que razonables. Hablemos de las carreteras solares.

Carreteras solares

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¿Se avecina el fin de los “windfall profits”?

El acuerdo para los Presupuestos Generales entre el Ejecutivo de Sánchez y Unidos Podemos está generando un profundo debate –o ruido, porque de debate como tal… poco-, a pesar de que todavía tiene que salvar numerosas barreras para lograr su aprobación. Hemos hablado del fin del “impuesto al sol”, pero hay más medidas que afectan el sector eléctrico y que revisten relevancia. Entre ellas, el fin a los “beneficios caídos del cielo” o “windfall profits”.

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